Junto a las fosas ubicadas en cementerios o en sus alrededores, también hay conocimiento de la existencia de pozos que sirvieron para arrojar, vivos o muertos, a algunos de los republicanos asesinados durante la represión vivida en Mallorca durante la Guerra Civil. Uno de estos pozos se encuentra en la finca de Son Lluís, en Porreres. Y es allí donde, desde hace un mes y cada fin de semana, un equipo de arqueólogos de la sociedad Aranzadi desciende para tratar de encontrar los restos de Jaume Julià Mesquida Picarola; Mateu Moll García Retat y Miquel Julià Nicolau Pa.

Hasta el momento se han inspeccionado cuatro de los cinco pozos existentes en la finca de Son Lluís, pero en ninguno de ellos se ha hallado constancia de la existencia de restos humanos. Lo que sí se ha encontrado son restos de animales muertos, arrojados en algunos de los pozos ya en desuso. En esta finca ubicada a medio camino entre Porreres y Llucmajor, lejos de los dos núcleos urbanos también se conoce la existencia de un avenc (sima). Es por ello que en los próximos días también se estudiará la posibilidad de analizar esta cavidad natural. Se prevé que el próximo fin de semana se puedan dar los trabajos por finalizados.

Llorenç Capellà escribe, en su Diccionari Vermell, sobre estos hombres. «Una tarde los llevaron a tirar dentro del pozo de Son Lluís. Uno de ellos llegó muerto al fondo; otro murió tras una larga agonía; el tercero pudo disfrutar de una breve esperanza. Una persona, que sintió sus gemidos, se acercó al pozo y le aseguró que iba a buscar una cuerda. Aunque nunca llegó esta cuerda. Debió morir con la mirada puesta en la menguada luz que se colaba por la boca del pozo».

Desde siempre, en voz baja, se ha conocido la existencia de esta historia entorno al pozo de Son Lluís. Los tres porrerencs, Mateu Retat, Miquel Pa y Jaume Picarola terminaron sus días, por pertenecer a Esquerra Republicana, entorno a los 40 años. Ahora sus descendientes, informados de la búsqueda que realizan los arqueólogos de Aranzadi en la possessió de Son Lluís esperan poder hallar su restos.
S’Àguila de Llucmajor

El pou de s’Àguila (Llucmajor) será el siguiente elemento de estas características donde se trabajará. Las previsiones son de poder descender a este pozo durante el próximo mes de febrero. Se trata de un cavidad de unos 50 metros de profundidad.

Los arqueólogos ya cuentan con un croquis de lo que se encontrarán una vez estén en el interior del pozo y es que a mediados del mes de septiembre dos espeleólogos, entre ellos Xisco Gràcia, descendieron al interior para determinar la profundidad y realizar el croquis.

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