Sigue arraigada la creencia de que en Mallorca, antes del turismo, no había nada. "Quatre patates" es la contestación más habitual que se recibe cuando uno trata de mirar por el retrovisor de la historia para descubrir la isla anterior a la Guerra Civil y la postguerra. Si bien un grupo de investigadores como Carles Manera, Ramón Molina o Joan Roca, entre otros, ya abrieron camino demostrando que no era así, que Mallorca tuvo una industrialización destacable en el siglo XIX, se suma ahora una interesante y prolija investigación de Apol·lònia Nadal donde documenta con nombres propios a los empresarios y empresarias baleares del 1800, su procedencia social y cultural, qué productos vendían o su papel en la sociedad del momento. "Mallorca tuvo una burguesía ilustrada y comprometida", sostiene la investigadora, "una burguesía que se mueve, que viaja".

Una de las bases de datos en las que ha buceado Nadal son los catálogos y memorias que se conservan de las diferentes exposiciones universales, nacionales y locales , que vivieron su época dorada entre 1827 y 1929. En estos espacios, emprendedores, empresarios y profesionales liberales mostraban sus productos y avances tecnológicos.

En un primer momento, la historiadora mallorquina buscaba en las mencionadas fuentes a los productores de destilados de la isla (el objeto primero de su estudio) y acabó topándose con una presencia muy destacable de empresarios mallorquines y menorquines. "A la de 1851, la primera exposición de Londres, fueron las bordadoras de Germanes Gilart, de Felanitx, quienes trabajaban para la corte de Isabel II".

En las primeras exposiciones universales, Mallorca mostró sobre todo productos agrícolas. "Fue a partir de la de Viena, en 1873, y la de París, en 1878, que los productos industriales ganan notoriedad. Los fabricados en la isla son valorados y consiguen premios destacados en estos acontecimientos", cuenta Nadal. Una de las primeras empresas documentadas en estas exposiciones proveniente de Mallorca es la de alfombras de la familia Nadal. Una de las más destacables fue la fábrica de conservas y licores de Bartomeu Roca Estades, ubicada en la plaza de la Porta de Santa Catalina de Palma. "Usaban sistemas modernos de conservación y eran muy avanzados con los recipientes también", apunta la investigadora. "En Viena, Roca se alzó con una medalla de progreso por las conservas de carne", desvela.

La industria conservera fue una de las más importantes en Mallorca y Menorca. "En la primera, las conservas iban ligadas a los licores. En la segunda, a la producción de miel y de licor".

Los zapatos y las pieles adobadas fabricadas en las islas también obtuvieron premios y reseñas muy destacadas en las memorias de las exposiciones universales. "La empresa más valorada fue Viuda de Garau e hijos [en la calle Ramon Llull de Palma], que recibió una medalla de oro en la famosa exposición de París de 1889".

Los vinos mallorquines también fueron muy valorados en estos espacios. Por ejemplo, su presencia fue muy importante en la Vinícola de Madrid de 1877. "Pero los productos de la isla que más alabanzas y galardones cosecharon fueron las almendras [y su aceite] y las legumbres; en concreto, les mongetes de pasta real, que se hacían en Muro y sa Pobla. Recibieron la medalla de oro en la exposición universal de París. Yo he buscado este tipo de legumbre y no lo he encontrado. La he pedido al banco de semillas y estoy esperando la respuesta", explica.

A las primeras exposiciones acudieron sobre todo terratenientes y los señores de la aristocracia de Mallorca. "Muy pronto, fue la burguesía industrial de la isla la que se abrió paso en estos espacios. También se sumaron las profesiones liberales que presentaban sus productos. Abogados, científicos o artistas [como Buades, Ribas o Anckermann] viajaban a estos lugares", señala. Nadal ha documentado la presencia del odontólogo Domingo Casesnoves, del farmacéutico Jaume Torrens, que fabricaba medicamentos, del también farmacéutico y químico Pere Estelrich o del catedrático especializado en Agricultura Pere Josep Trias, del Institut Balear. Esta entidad, dirigida por Francisco Manuel de los Herreros, también tenía presencia en las exposiciones: a ellas siempre llevaban las memorias de la institución y la colección de mármoles y alabastros".

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Compromiso social y cultural

"Estamos hablando de una burguesía ilustrada, de gente preparada", sostiene Nadal. "Muchos de ellos estuvieron comprometidos con la cultura y la sociedad en las que les tocó vivir", asegura. "El empresario Guillem Antoni Puerto, por ejemplo, formó parte de muchas instituciones culturales y científicas. Otros como él estuvieron vinculados al Ateneu Balear y a la Societat Arqueològica Lul·liana", atestigua. "Ricard Roca Amorós montó la exposición regional de 1910, presidió la Cambra de Comerç y también estuvo en distintas asociaciones artísticas", agrega. "O Narcís Mercadal de Menorca apoyó la Societat de Socors, una entidad que ayudaba a los trabajadores en paro o a las viudas", prosigue. "¿Que querían ganar dinero? Sí. Pero sabían que su posición en el mundo implicaba una responsabilidad con la sociedad en la que vivían", considera.

Las mujeres también tuvieron una importante presencia en este tejido que la investigadora ha documentado. "El problema es que no aparecen sus nombres, se ocultan. Aparecen por ejemplo bajo la fórmula "viudas de"; es el caso de la viuda de Garau, que fue muy importante. Fue la madre del ingeniero Pere Garau. Investigando, descubrí su nombre verdadero: Aina Cañellas Terrassa", detalla. "Las propietarias de tierras también presentaban sus productos en las exposiciones. Encontré a una, Bàrbara Mora de Porreres, por ejemplo". "Las bordadoras de La Puresa estuvieron en la exposición de Chicago", continúa la historiadora.

Un argumento más que sostiene la tesis de Nadal de que sí hubo una burguesía ilustrada en la isla es que "cuidaban mucho la presentación de sus productos: basta contemplar las etiquetas [muchas de ellas custodiadas en la biblioteca Lluís Alemany del Consell], los diseños siguen las corrientes artísticas europeas del momento", indica.

Nadal constata que a día de hoy la inmensa mayoría de firmas recogidas en la publicación ha desaparecido. "Continúan Gordiola, Suau, Túnel, Can Ribas, Majórica, Palo Ripoll o Camper (Lorenzo Fluxá)." "Les afectó la crisis de finales del siglo XIX, sobrevenida por la pérdida de las colonias, donde exportaban mucho". La estocada final vino cuando los estados empezaron a implantar políticas proteccionistas. La Guerra Civil y la posterior postguerra dejaron un mapa desolador. "Esta época fue la que marcó y estableció la idea de que en Mallorca no había nada, pero antes sí que lo hubo. Nuestros productos fueron premiados y estaban muy bien considerados. Y hubo mallorquines cultos que intercambiaron conocimientos en estas exposiciones universales", concluye la historiadora, autora de Mallorquins, menorquins, eivissencs i formenterencs a les exposicions universals, nacionals i locals (1827-1929), editado por J. J. de Olañeta.

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