La segunda fase de exhumación de la fosa común de Porreres, donde aún restan cadáveres de asesinados durante la represión franquista, se complica y probablemente quede retrasada durante más de un año respecto al calendario que tenía previsto el Govern.

El motivo es el fallecimiento, esta misma semana, de Margalida Gornals, la madre de la que fue concejala del PP local, Francisca Palerm, y que días antes de su muerte le comunicó a su hija el deseo expreso de ser enterrada en la capilla familiar, situada justo encima de la zona donde en 1936 se dejaron los cuerpos de los represaliados.

Ello implica que ahora, una vez que el ayuntamiento porrerenc no pudo evitar mediante el diálogo o el ofrecimiento de otro lugar alternativo el entierro de la fallecida, se deba esperar por lo menos un año sin poder tocar el cadáver ni llevar a cabo ningún tipo de obra. Una situación que ha cogido por sorpresa al Govern, que pese a haber conseguido el consentimiento de todas las familias de las capillas menos una, todavía no había emprendido ninguna clase de proyecto ni tenía en agenda el inicio concreto de la segunda fase de excavaciones.

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